La conducta de los niños en algunos momentos evolutivos de su vida puede resultar disruptiva, problemática, inadecuada… esto no siempre significa que el/la niño/a padezca una patología mental. Puede que simplemente el niño/a esté vivenciando (de forma real o no) una situación problemática que no sabe gestionar de forma adecuada.

En estos casos, a menudo, con una mínima intervención con el/la niño/a, mayoritariamente lúdica, y con las adecuadas pautas a los progenitores, la mayoría de conductas problemáticas se corrigen. No debemos olvidar que, especialmente en la primera infancia, la conducta de los niños es altamente moldeable y modificable.  

Por el contrario, si estas conductas disruptivas, desafiantes, etc., no se corrigen, en la adolescencia y/o vida adulta sí pueden desembocar en problemas más importantes, más difíciles de modificar e, incluso, en patologías psicológico-psiquiátricas.

Por este motivo cada vez más padres son conocedores de que llevar a sus hijos al psicólogo no significa que su hijo/a esté enfermo, sino que son conscientes de que una ayuda puntual ofrecida por un profesional puede mejorar mucho la calidad de vida del niño/a, así como el clima familiar o educativo con él/la.

Publicado: 22 de Marzo de 2016